El equipo que dirige Gustavo Alfaro va gestando partido a partido su propia personalidad, de atrás para adelante, reforzando virtudes y maquillando debilidades, a base de triunfos y buenas actuaciones. El de esta tarde no fue un partido que tuvo a Tigre como protagonista, ni mucho menos, pero logró manejar los tiempos y se impuso con solidez a un Gimnasia que inquietó de a ratos.
Tras la gran hazaña en el Bajo Flores el Matador necesitaba remarcar ese buen desempeño en casa, en el José Dellagiovanna, ante su gente. Durante el primer tiempo no hubo superioridad por parte de ninguno de los dos, sin embargo fue Tigre el que propuso el juego, intentando entrar explotando la pelota parada, el juego aéreo y el despliegue físico de Sebastián Rincón.
Gimnasia, por su parte, contó con 2 ocasiones realmente claras para abrir el marcador: La primera fue un impacto del balón en el travesaño luego de un cabezazo de Lucas Licht. En la segunda, generada a los 33 minutos, lo tuvo a Javier García como salvador providencial, evitando con sus pies que la redonda sobrepase la línea de gol, tras un cabezazo de Oliver Benítez.
El partido se fue opacando a medida que pasaban los minutos, ambos equipos comenzaron a cerrarse atrás y poco podían hacer en ataque para lograr desnivelar; así el encuentro parecía de esos que el que lastimase primero se quedaba con el premio. Por ser un poco más insistente, fue Tigre el que se lo terminó llevando.
Cuando el reloj marcaba los 8 minutos de la segunda etapa, una jugada gestada por la derecha del ataque Matador, terminó en un centro ejecutado por Kevin Itabel que impactó en el brazo del defensor platense, Juan Quiroga, y que el juez Beligoy determinó en cobrar penal. Lo ejecutó Carlos Luna, con la frialdad y precisión de los que saben, burlando la estirada de Fernando Monetti, para lograr la ventaja.
Tras el gol del Chino, el visitante apretó con asiduidad con todo lo que podía pero fue en esos momentos donde el equipo se transformó en una muralla infranqueable, donde defensores y volantes se turnaban para desactivar todo intento de ataque por parte del Lobo. Ahí se vio (como en los últimos partidos) ciertamente la mano del técnico, quien supo apuntalar un equipo que antes flaqueaba en la retaguardia y sucumbía frecuentemente cuando era asediado por cualquier rival. Esta vez fue Gimnasia el que no pudo con el muro perfectamente fabricado en los minutos finales y terminó bajando los brazos ante el accionar de este equipo.
Este trabajo minucioso de conceptos claros y de gritos de aliento en la semana, hacen de este Tigre un equipo confiable y duro de quebrar. Los números marcan que el de hoy fue el segundo encuentro consecutivo que a Javi García no le convierten goles en el Torneo, un mérito que desde el 11 de abril no se repetía. Indicios de un equipo que sorprende e ilusiona.
Redacción: Fernando Viale
Fotos: Carlos Borgonovo
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