VIVIR EN CUARESMA UNA VERDADERA CONVERSIÓN Por Monseñor Oscar Ojea

Queridos hermanos, queridos amigos, comenzamos juntos este nuevo tiempo fuerte de la Iglesia que es la Cuaresma; muy importante este año porque es el Año de la Misericordia.

El Papa nos invita a contemplar la misericordia de Dios. Utilizando el símbolo de la puerta, contempla la misericordia de Dios. El Papa abrió la puerta santa el 8 de diciembre en Roma.

Esta expresado, dice el Papa, que en el cruzar por el umbral y entrar al templo, experimento allí la misericordia de Dios; abro mi corazón; me lleno de su amor; conozco mi miseria, mi fragilidad. Entonces puedo salir por la misma puerta, habiendo sido alcanzado por la misericordia de Dios, puedo salir a anunciarla.

Qué importante es el examen sobre nuestra vida en esta Cuaresma; sobre nuestra relación con Dios, con el prójimo, con las cosas, con la naturaleza y nuestra relación con nosotros mismos.

En segundo lugar, el Santo Padre nos llama de un modo particular en la Cuaresma, en este año de la Misericordia, a entrar en contacto con nuestra propia pobreza pero a través de las obras de misericordia; ayudando a aquellos hermanos que necesitan, practicando las obras de misericordia.

Dice el Papa, saliendo de nuestra alienación existencial; de nuestra conciencia aletargada que nos impide ver el drama de la pobreza, pero al mismo tiempo tomando conciencia de que cada hermano mío pobre es una ocasión para convertirme. Es una ocasión para entrar en contacto con mi propia pobreza. Si yo entro en contacto con mi propia pobreza estoy cerca de poder convertirme.

La peor de las pobrezas es no saberse pobre; cada uno tiene la propia, cada uno es mendigo en el fondo. Cuando niego esto a través de las obras, lo que hago es alejarme más del otro; preservo un orden en el cual nada se trasgrede: yo doy y el otro recibe, pero mi corazón no se toca y el corazón del otro tampoco se toca.

Lo que propone el Santo Padre a través del ejercicio de las obras de las obras de la misericordia, es estar en contacto con esta propia mendicidad, esta propia pobreza del corazón, para de veras convertirme al Señor.

Que cada hermano en este tiempo, a través de mi oración, a través de mi propia mortificación, de mi propia privación; a través de las obras de caridad, a través de aquello que yo puedo hacer por el hermano, que cada hermano mío pueda acercarme al Señor muerto y resucitado, para que yo pueda vivir en esta Cuaresma del Año de la Misericordia, una verdadera conversión.

El Señor Jesús mirándolo a Él, nos enseñó a ser misericordiosos a través de gestos: cómo Jesús escucha; cómo Jesús mira; cómo Jesús toca, cómo Jesús sana y cómo Jesús perdona; cómo transforma al hombre, pero acercándose a él, poniéndose al lado de él y a través de gestos concretos.

Que nosotros podamos también a través de esta Cuaresma, aprender de ese oído de Jesús; de ese oído del corazón con que escuchaba a los hermanos; de esa mirada a través de la cual invitaba al hermano a ser sí mismo y a animarse a confiar y de esa capacidad de cercanía, para que el Señor nos transforme, nos perdone y nos haga una comunidad nueva.

Que estas cenizas que bendecimos, en el Miércoles de Ceniza, sean el símbolo de nuestro corazón que se hace polvo para que el Señor lo haga de nuevo, para que su espíritu haga una creación nueva, y con ese corazón y nos convirtamos de verdad.

Desde ya, que vivan este tiempo fuerte, bien fructuoso, preparándonos para la Pascua.

Compartilo en tus redes!