Ludovico Grillo plantea el desafío de la nueva educación

Charlamos con Ludovico Grillo, Secretario de Educación de Vicente López y Secretario del Concejo Federal de Educación y Trabajo (COPRET) y dada su experiencia en el área educativa, lo consultamos sobre la seguridad en Internet, sobre todo para los niños y adolescentes, y la posibilidad que esto signifique una preocupación para la familia.

“Claramente – explica – esta es una preocupación para la familia y está bien que así sea. Hay que entender que el mundo virtual es otro mundo. Y así como se le plantean a los hijos ciertas reglas cuando salen a la calle, hay que hacer lo mismo en el mundo virtual, de internet. Las reglas básicas son las mismas: no hablar ni aceptar regalos de desconocidos, hablar siempre con amigos, chequear referencias. Lo que cambió es que antes se tenía la seguridad que una vez que los chicos estaban en su habitación, no había prácticamente peligro. Y hoy en su habitación están conectados por su computadora con el mundo. Por eso esas reglas hay que trabajarlas como padre y como docentes. Está claro que es un mundo de peligros, porque es un ambiente, por mucha tecnología que tenga, eminentemente humano. Yo sostengo que todos esos riesgos son ínfimos al lado de las ventajas que otorga internet. Y en la medida que trabajemos con los chicos y capacitemos, estas desventajas van a ir disminuyendo. Además se está dando otro fenómeno y es que a medida que pasa el tiempo, cada vez habrá más papás que usen internet y hablen el mismo idioma que sus hijos. Lo que pasaba con las primeras generaciones era que los padres y los abuelos no conocían ese mundo y no lo entendían, y los chicos si. Por eso había un temor a lo desconocido. En la medida en que vaya pasando el tiempo y más adultos se vayan incorporando al mundo y también los chicos crezcan y se conviertan en padres, esos miedos van a ir desapareciendo. El miedo a lo desconocido, obviamente; después hay que construir como en todo, tanto si les regalamos una bici, como si trabajamos con la compu, el celular, la laptop, lo que sea”.

Por supuesto que las ventajas en la educación son muchas.

“Muchísimas, si los docentes las aprovechan. Si hace veinte años se les decía a los docentes si querían que cada alumno tenga bajo el banco una biblioteca con veinte mil ejemplares para consulta, ninguno hubiera dicho que no. Igual si les decíamos si tuvieran acceso a una videoteca completísima, tampoco hubieran dicho que no. Hoy tenemos eso. Un celular tiene acceso a libros, videos, resúmenes y en algunos casos parece que lo negáramos. Esta es una gran ventaja que nos plantea un desafío que, quizás, se ha ido perdiendo con el tiempo, que es volver a los orígenes de la pedagogía. A mediados del siglo XX, cuando la educación se hizo masiva realmente – quizás en algunos países con Argentina un poquito antes – teníamos tantos alumnos en el aula y el docente era el que proveía la información, que por una cuestión de necesidad daba una sola clase. Les enseñaba a todos los chicos lo mismo, sin importar si alguno era más inteligente que otro o más veloz, venía de una u otra cultura, o tenían distintos gustos o vocaciones. Hoy lo que nos permite la tecnología es, como el docente no es el que trae la información sino que la buscan los chicos, el docente puede dar realmente una clase distinta a cada uno; porque los deja trabajar con material on line de distintos temas. Hay un desafío, sin embargo, y es que el docente deja de ser el que más sabe en el aula de los contenidos. Sale de su lugar de la clase magistral y pasa a ser un motivador, alguien que cuestiona al alumno, que lo incentiva a buscar y conseguir información. Ese cambio de rol es muy difícil, porque todos tendemos a repetir modelos que aprendimos de chicos. Es un esfuerzo muy grande para el que no se han preparado los docentes, ni han sido acompañados en su esfuerzo. Cambiaron las reglas de juego del mundo y nadie les explicó como había cambiado la cosa. Este es el desafío que tenemos entre todos: reconvertir la escuela en ese sentido”.

El teléfono en el aula, si bien sirve para buscar datos, los puede llevar a dispersarse. Es así?

“Cuando éramos chiquitos hablábamos mucho en clase y no les dábamos bolilla a los profesores. Y a nadie se le ocurrió pedirnos que dejáramos la lengua fuera del curso. Lo que hay que hacer es enseñarles a los chicos como se usa el celular, no negarlo, y hacer actividades interesantes. Porque uno charla o se distrae cuando está aburrido. Cuando vemos algo interesante o estamos ocupados no hay distracción que valga. El desafío en el aula, o lo que la tecnología pone en evidencia, es que había muchos alumnos aburridos. Y la manera de encarar el aburrimiento era charlar con un compañero o dibujar en un papel. Ahora el desafío es saber qué hacer con los chicos aburridos. Y ahí es donde se cuestiona al docente, porque no debería haber chicos aburridos con todos los elementos que podemos tener para que hagan actividades que les interesen. También se van cuestionando los programas, divididos en unidades. Quizás el camino para aprender todo eso no sea seguir una secuencia lógica, sino dejar que los chicos vayan entrando en contacto con la vida y se den cuenta que esas cosas hay que aprenderlas”.

También debería haber un recambio en las generaciones de docentes, para que los nuevos estén más en contacto con la tecnología?

“No es una cuestión de edades, sino de actitudes. Hay jóvenes de 70 años. Hay docentes que están a punto de jubilarse y que lamentan jubilarse porque le encontraron la vuelta a la tecnología y consideran que por fin pueden enseñar como soñaron siempre hacerlo. Y hay docentes de 25 que hacen dejar los celulares afuera y se enojan por el tema internet. Me parece que no pasa por la edad, sino que hay una cuestión muy de fondo, que es que en la tecnología – como en tantas otras cosas – uno se pone a prueba para saber si uno tiene la pasta para enseñar. Es como uno que maneja un auto a una velocidad normal, pero no todos pueden manejar un Fórmula 1; o que podamos jugar un partido de tenis entre amigos, pero no podemos competir en el US Open. La tecnología pone muy en claro cuando alguien no es hábil para esto, porque no se establece el vínculo con los alumnos, ni se aprovechan las experiencias de la vida para disparar situaciones de aprendizaje. Y esto el docente de alma lo hizo siempre, como cuando un chico le decía que estaba aprendiendo a jugar a la bolita y el maestro aprovechaba para explicarle lo que es una esfera, el peso o el tamaño. Para el que nunca fue buen docente, lo mandaba a sentarse calladito. Por ejemplo, el juego de Pokemon, que fue una gran oportunidad perdida. Donde están las pokeparadas son todos los lugares destacables de los barrios, los monumentos, las plazas. En vez de negarlo hay que trabajar con los chicos e inquirir, por ejemplo, cuantas pokeparadas son lugares históricos o culturales. Incitarlos a descubrir qué lugares importantes de nuestro barrio no están entre las pokeparadas, por ejemplo. Y en vez de eso elegimos negarlo. Hay que seguir la visión del docente de alma, que toma cada experiencia y la convierte en algo que sirve para aprender. La tecnología nos interpela permanentemente porque la otra opción es que el chico no aprende tanto pero se distrae”.

Nota exclusiva de Horacio Achille para Infoseguridad y Compromiso Social

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