Monseñor Ojea al comenzar la Misa, expresó: «Un día Miguel Angel fue incorporado a la familia de los hijos de Dios por el bautismo, quedando para siempre unido a Cristo; por el orden sagrado fue hecho signo e instrumento del mismo Cristo, cabeza y pastor de la Iglesia. Desde entonces, sus manos, sus labios, su mente y su corazón, han estado consagrados como Presbítero y luego como Obispo de Río Gallegos y, en estos últimos tiempos, en la Diócesis de San Martín».
En nombre de la Iglesia diocesana, el Obispo dijo: «Hoy lo despedimos con gratitud y pedimos a Dios que lo reciba en la Asamblea de los Santos.
Como Iglesia diocesana, continuó diciendo mons. Ojea, quiero hacer presente a mi hermano Jorge Casaretto, que está tan unido a nosotros, en este momento.
«Yo agradezco, y quiero poner en la Misa, el haberme recibido en la Diócesis -junto con monseñor Jorge-, él me enseñó el camino a todas las comunidades, «con esa exactitud milimétrica» que tenía para indicar los lugares. Y ya que él ha celebrado tantas veces los Sacramentos del Señor, que nos dan nueva vida, pidámosle al Padre del cielo que le conceda a Miguel Ángel la gracia de celebrar ahora, en plenitud, el misterio pascual» dijo hacia el final de su mensaje monseñor Ojea.
En la homilía Monseñor Martín expresó: «Hace unos días, celebrábamos Semana Santa y escuchábamos de la boca de Jesús: «He deseado ardientemente comer esta Pascua con ustedes»; quizá podamos entender mejor hoy ese sentimiento de Jesús, cuando ardientemente necesitamos reunirnos, deseamos estar juntos y reunirnos y no podemos. Cuánto hubiéramos deseado ardientemente poder despedirnos de Miguel Ángel, acompañarlo cuando estaba internado, despedirlo en su mis exequial, y estamos acá como queriendo decir: «Nos juntamos igual y como podemos», porque ardientemente queremos celebrar la Pascua con Miguel, como Jesús quiso compartirla con sus discípulos».
«Esta mezcla de dolor por un lado, junto con la esperanza y la alegría de la Pascua, nos sorprenden en estos días, como lo sorprendió también a Miguel», dijo el Obispo.
«Miguel era un hombre que tenía la mirada puesta en la Pascua, dijo monseñor Fassi. «La última predicación de Miguel fue «Seamos signos del resucitado», y continuó diciendo: «Quisiera que tomemos esta invitación que él nos hacía, y que también tomemos su figura que nos ayuda a nosotros a ser signo del resucitado».
Refiriéndose citando al mensaje de monseñor Casaretto en su homilía de la misa en memoria de mons. D´Annibale, celebrada en la parroquia Jesús en el Huerto de los Olivos, dijo: «Miguel fue de esas personas que nos muestran a Jesús, su santidad fue de las santidades cotidianas;
«Querido Miguel, hijo, hermano, amigo, pastor bueno, gracias por tu vida generosamente y alegremente entregada. y como vos dijiste en tu final: «Que tengamos siempre la mirada puesta en la Pascua». Nuestro dolor es grande, pero estamos en paz» terminó afirmando monseñor Fassi en su homilía.