Día del Estudiante Mensaje obispo de San Isidro Mons. Ojea

¡Feliz día del estudiante!
Te deseo que junto a esta nueva estación que inauguramos, la primavera, que es este florecer de la vida, pueda florecer también tu corazón, puedas celebrar, festejar con alegría el día del estudiante.
Celebramos el hecho que, no solamente, podamos estudiar sino también todo aquello que va acompañando el estudio.
El descubrimiento de la amistad. Los amigos son tan importantes en nuestra vida. Qué importante es descubrir el don de la amistad, el regalo de la amistad. Qué importante es ese compañerismo de saber compartir. De saber que a través de los años podemos compartir realidades y tener nuestro lugar, en el grupo, en la clase.
Al mismo tiempo, me parece que, este día, es un buen día como para tener un ratito en el corazón para pensar «¿qué estoy buscando?».
Es la primera pregunta que nos hace Jesús en el Evangelio de San Juan.
«¿Qué buscan?», les dice Jesús a los primeros discípulos que lo siguen.
«¿Cuál es tu misión en la vida?».
Si no descubrís tu misión en la vida, el mundo se va a perder algo y vos te vas a perder ser feliz.
Si no descubrís ese secreto último que descubrieron esos primeros apóstoles que se acercaron a Jesús, en el primer encuentro que tuvieron con él (estuvieron con él todo ese día, dice el Evangelio de Juan) y en ese encuentro, seguramente, descubrieron su secreto, descubrieron aquello para lo cual habían sido creados.
«¿Para qué estoy en el mundo?». «¿Cuál es mi don?». «¿Cuál es mi tarea?».
Porque mi vida es mi misión. Mi vida y mi pasión. Es lo que yo vengo a aportar a la humanidad y al mundo. Y eso lo tengo que descubrir. Si no, no voy a ser feliz. Voy a ser siempre a medias.
Para esa felicidad, dos cosas: la vida es extraordinaria, es el regalo más importante que Dios nos dio. Por eso tenemos que amarla y por eso tenemos que disfrutarla y aprender a disfrutarla, porque para eso nos la dio el Señor. Para saborearla, diría la Biblia. Para hacerla sabiduría.
La vida tenemos que amarla. Pero, la vida, necesariamente, para poder ser feliz, tenemos que entregarla. Tenemos que darla.
El Señor no nos la regaló para guardarla, para amarrocarla. El Señor nos la dio para desgastarla por los demás.
¡Qué bueno que estudies! Hay muchos hermanos que no estudian. Hay muchos hermanos que no pueden estudiar. Pensá un ratito esto, en el día de hoy. Hay tantos hermanitos en el mundo y en el país que no tienen la dicha ni la felicidad de tener esa pertenencia que tenés vos, a tu colegio, a tu mundo, de vivir la amistad como la vivís vos. De expresar la alegría que vas a vivir vos en este día. A ellos tenés que servir especialmente.
Muy posiblemente el Señor te haya dado un don para que puedas servir a todos aquellos hermanos que no han recibido que lo que vos recibiste, que no pueden adquirir los conocimientos que vos tenés. Que no pueden tener acceso a Internet. O que están muy lastimados, por muchas cosas que han pasado en su vida y que les impide poder tener acceso a todo lo que vos podés tener acceso. Pensá en esto, es importante.
El Señor nos dio la vida pero quiso que viviéramos como hermanos.
Vivimos en comunión. Necesitamos el vínculo.
Si no podemos llegar a aquellos que realmente necesitan, si no podemos pegarle en esto, no vamos a vivir un mundo feliz. Vamos a vivir un mundo individualista, un mundo triste. Un mundo de sálvese quien pueda. Un mundo de la ley de la selva. Un mundo profundamente egoísta, mezquino. Por este lado no vamos a ser felices.
Vamos a ser felices si, recibiendo la vida maravillosa que florece y que celebramos en este día del estudiante, celebrándola la amamos, la disfrutamos y la entregamos.
Que el Señor te de esa gracia de poder descubrir por qué cause tenés que entregar tu vida para que seas feliz de verdad.
Que Dios te bendiga en este día. Seguí estudiando. Seguí trabajando y seguí cultivando la amistad, que es un don tan importante, un tesoro tan grande que el Señor nos regaló.
Que Dios los bendiga chicos.

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